Se busca tiempo.

Ni un tiempo. Ni días, horas, minutos. Ni siquiera segundos. He perdido el tiempo. Sí, hasta hace unos días estábamos jugando juntos. Y no al escondite precisamente. Éramos inseparables. Pero ahora no lo encuentro. Y estoy como Marta Sánchez: desesperado. Como no puedo pegar fotos, estoy colocando sus características por toda la ciudad. Mi tiempo era muy joven, activo, trabajador. Pero siempre se buscaba a sí mismo para estar con los suyos. Pienso que era un tiempo feliz. No tenía ninguna razón para irse. Si alguien lo ve, por favor, que me lo haga saber.

El tiempo era mi empresa. Y esta empresa se ha declarado en bancarrota. No sé qué ha podido ocurrir. Siempre me he considerado un buen gestor. Creía que todo iba bien. Estaba ganando tiempo. Quizás ese haya sido el problema. Es posible que esa avaricia insatisfecha haya sido la que me lo haya hecho perder todo. Malgasté el tiempo. Y ahora es el tiempo quien, con todo el derecho, hace lo propio conmigo. El que me amputa un brazo para colocarse un reloj; el que se apropia de mi despertador por las mañanas; el que me roba el corazón para medir sus pulsaciones cuando sale a correr.

Pero también tú me has hecho perder el tiempo. Quería tenerlo. Quería compartirlo contigo y has salido por patas, a la francesa, sin darme ninguna explicación y llevándote todo. Por dejar no has dejado ni una nota.  Esto no es pedir tiempo. Esto es robarlo a punta de pistola. Claro que había épocas malas. Pero creía que los periodos de bonanza nos compensaban. Sabíamos que lo nuestro era especial. No hacía falta ni decirlo. Lo sentíamos. Un minuto a tu lado valía más que todo el tiempo del mundo. Y no al revés.

Has decidido monopolizar esta relación. Crear tu propia sociedad de tiempo. Todo el mercado para ti. Y no lo entiendo. Éramos socios. Que vale, que últimamente ganábamos una miseria. Pero eran miserias gananciales. No entiendo nada. Me has dejado con un lapso delante y otro detrás. Y yo no tenía mi tiempo metido en ningún paraíso temporal. Era un empresario honesto. Pero tú… Tú me has estafado. Bárcenas de la duración. Ni Carpe Diem ni leches. No has aprovechado tu tiempo. Te has aprovechado del de los dos.

Pero que aquí hay para todos. También para mí. Porque yo también he usado mal el tiempo. Me he pasado la vida haciendo lo que se supone que hay que hacer. Y encima dándolo todo. Exigiéndome por encima de mis posibilidades. Invirtiendo en un sinfín de sentimientos y en todo tipo de relaciones. Inversiones que se acabaron convirtiendo en pérdidas. Invirtiendo en personas con nombre de compañías abocadas a la ruina. Hola, Nueva Rumasa, ¿quieres ser mi amiga?

Yo también estoy implicado en haber arruinado mi tiempo. La codicia me ha hecho querer abarcarlo todo y lo que he conseguido es que poco a poco se me vayan escurriendo recuerdos, momentos y personas de mi vida. Unas veces queriendo y otras sin querer. Como quien retuerce una camiseta empapada por la lluvia. Achicando el agua pero acabándose por resfriar.  Y claro, luego a la vida le vas pidiendo segundas oportunidades. Como si tú fueses su ojito derecho. Como si tuviera alguna responsabilidad. Como si debiese hacer la vista gorda cada vez que a ti te da por liarla parda.  Llora todo lo que quieras. Que aquí nadie va a venir a limpiarte los mocos.

He desperdiciado mi tiempo en personas que no merecían ni un segundo de mi día. Pero lo que me revuelve por dentro es no habérselo dado a los de verdad. No he estado más que rodeado de hipócritas. De toda esa gente que va fingiendo opiniones, virtudes o cualidades que no tienen. Pero es que no se quedan ahí. Son personas tan carentes de empatía, que juegan también con tus sentimientos. Me hago una idea de lo que pondrá en la RAE. Pero en mi diccionario emocional, un hipócrita es esto: trilero emocional; caradura que juega contigo y por quien apuestas; un cínico con tantos cubiletes como opiniones y con una bolita llamada sentimiento, emoción movida por él. Pero que no siente. Tan solo tiene mala intención. Escondida en su mano. La hipocresía es un SENTI. MIENTO.

De momento lo único que sé es que mi tiempo se ha roto en pedazos. O dicho de otra forma, he roto con él. Ahora es cuando tocaría darnos un tiempo. Pero había una expresión más cachonda aún. ¿Cómo era? A sí. Dar tiempo al tiempo. Yo, un amante de los refranes y frases hechas, no puedo sentir más repulsión hacia esta última. Primero porque es una majadería. Te han robado el tiempo y encima tienes que darles más. O sea, que encima de puta pones la cama. Y la verdad, porque yo no soy de esos que piensan que un clavo saca a otro clavo, que para sanar una herida hay que dejar de tocarla o de los que, sencillamente, pensáis que el tiempo todo lo cura. Siendo el tiempo todo locura. Hector Berlioz, compositor, crítico y director musical, decía: “el tiempo es un gran maestro; lo malo es que va matando a todos sus discípulos”.

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“El miedo es la forma que adopta la vida para evitar que hagas lo que tienes que hacer”.

Soy un culo inquieto. Entre quedarme inmóvil o cagarla, siempre he preferido pedir perdón. Así que lo último que voy a hacer es nada. Y lo primero que voy a hacer, todo. Poco a poco, eso sí. No me toques las palmas que me conozco. Porque a partir de ahora voy a decir lo que siento. Siente con quien me siente a hablar. Ya me da igual caer bien, mal o regular. Y caerme ya ni te cuento. Porque mis sentimientos nunca van a quedar firmados en papel mojado. Y mucho menos para que le guste a una persona como tú. Yo ya no voy a dar tiempo a nada ni a nadie. Faltaría más. Estoy números rojos. Y bastante tengo con recuperar lo mío. Y voy a decir “te quiero” cuando me venga en gana. Y voy a decir “quiero y puedo” cuando me salga de ahí. Ya no tengo miedo a ninguna situación, a perder a nadie ni a perderme yo mismo. El miedo es la forma que adopta la vida para evitar que hagas lo que tienes que hacer.

Así que basta. Si algo bueno tenía que tener toda esta operación emocional, es que ya soy totalmente inmune. Inmune a las decepciones. Inmune a los fallos. Inmune a perder a alguien. Inmune a perder el tiempo. Ahora me doy cuenta de por qué se escapó mi tiempo. Y es que estaba metido en una cárcel. Y decidió huir. Pero ahora soy yo el que va a volver a meterle entre rejas.

Cuando lo encuentre, claro.

Debe estar por aquí.

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2 comentarios en “Se busca tiempo.”

  1. ¡Hola!, me ha gustado mucho tu entrada es un texto realmente bonito. Yo también le doy muchísimas vueltas a esto del tiempo, creo que es importante saber con quien lo gastamos. Pero una vez gastado no merece la pena pensar es si fue bien invertido o no, ya no hay nada que hacer, simplemente atesorar las enseñanzas que este tiempo nos aporta y aplicarlas para gastar nuestro tiempo futuro. Te dejo el enlace a mi blog por si quieres pasarte. 🙂
    http://mimundoymisideas.blogspot.com.es/
    Un saludo
    Neus

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