Lanzados.

Ayer el Real Zaragoza volvió a dar un golpe sobre la mesa venciendo con comodidad al Alcorcón de Cosmin Contra. El rumano, a pesar de no encontrar la llave del gol, ha sabido dar una seña de identidad al conjunto madrileño en este inicio de Liga. De hecho, y aunque suene a “mal de muchos, consuelo de tontos”, se llevó la posesión de La Romareda. Movió el balón con incluso mayor facilidad que su adversario y plantó cara tácticamente. Pero le faltó pegada, dejando una vez más a David Rodríguez solo ante el peligro. No obstante, el Zaragoza fue mejor en todas las líneas. Su solidez defensiva le valió para dejar su portería a cero; en el centro del campo, Zapater fue el cerebro de la operación y Barrera y Javi Ros, los brazos ejecutores; por último, la verticalidad ofensiva hizo desesperar a la zaga amarilla.

Además, y como ya viene siendo costumbre desde hace tiempo, el ahora colíder de la categoría se tuvo que enfrentar a dos de sus peores fantasmas: las lesiones y el árbitro. Por un lado, Cabrera jugó entre algodones y Erik Morán y Cani fueron las principales ausencias, sin olvidar a Xumetra, que acabó el encuentro tocado. Por otra parte, la afición zaragocista se quejó y con razón de las decisiones arbitrales. La victoria no puede camuflar sus reiterativos fallos. Desde un penalti no señalado a Ángel hasta la excesiva permisividad hacia el juego agresivo del Alcorcón pasando por incumplir la ley no escrita del fuera de juego que dice que ante la duda, se deje seguir. Señalando varios fuera de juego claramente inexistentes y evitando que se cerrara el partido antes de hora.

La conclusión más esperanzadora es que este Real Zaragoza parece que ha conseguido recuperar la madurez de antaño, levantándose inmediatamente tras recibir cualquier tipo de zancadilla. El duro varapalo sufrido la semana pasada en el Ciutat de València fue contestado anoche con efectividad y buen juego. El equipo de Luis Milla defendió y atacó en bloque. La piña a la que el técnico turolense había hecho referencia en la rueda de prensa previa al choque fue más piña que nunca, liderados por un Alberto Zapater que cuajó su partido más completo desde su regreso. Los que asistieron al Municipal también quisieron sumarse a la fiesta. Y es que cuando hinchada y equipo se juntan, parecen imparables.

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Pero sin duda, el nombre propio del encuentro fue Manu Lanzarote. Un libre directo y un gol olímpico le sirvieron al catalán para comandar la tabla de goleadores y convertirse en el único futbolista de la historia en marcar cuatro goles a balón parado en dos partidos consecutivos. Los que hace unos meses lo criticaban, ayer lo ovacionaron. Y es que la mejor zurda de la Liga 1, 2, 3 no sólo quita telarañas de las porterías. También cierra bocas.

La semana que viene, los blanquillos visitan Tarragona y Soria. Pueden y deben ser dieciséis. Porque el Real Zaragoza ha despegado y va “lanzado” a Primera.

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