Ya no. Ya nada. Ya nunca.

Ya no. Ya nada. Ya nunca. Cuando escucho tu nombre ya no se me aceleran las pulsaciones. Mi frecuencia cardiaca es sublime. Algo meritorio para un corazón descompuesto. Cuando miro tus ojos negros ya no me trasladan a ningún lugar. Y es que no veo más allá de tus pupilas. Esas que antes me aislaban de cualquier tempestad. Cuando releo nuestros mensajes ya no se me cae el mundo encima. Lo he superado. Y, precisamente ahora, lo tengo a mis pies.

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“Qué sabrán, mediocres, si la vida jamás les ha exigido más de un cinco raspado”.

Ya no. Ya nada. Ya nunca. Dicen que pasar página ha sido lo mejor que podía hacer. Qué sabrán, incultos, si no se han leído un libro es su vida y desconocen lo que es una historia de amor. Qué sabrán, cobardes, si se limitan a opinar cuando la decisión ya está tomada. Qué sabrán, mediocres, si la vida jamás les ha exigido más de un cinco raspado. Yo sí sé. Sé que no todas las princesas viven en un castillo. Sé los nervios que hay durante una primera cita. Sé que sólo a veces hay postre después de las perdices.

Ya no. Ya nada. Ya nunca. No habrá más besos en el cuello. No habrá más susurros en la oreja. No habrá más manitas durante los anuncios del cine. Nadie tiene la culpa. Pero hay que aceptar que las cosas entre los dos han cambiado. Para que siga habiendo ósculos robados. Para que siga habiendo caricias en el resto del cuerpo. Para que siga habiendo noches de frenesí sexual. Tú con otro. Yo con otra. O, qué coño, los cuatro juntos en algún lugar.

Ya no. Ya nada. Ya nunca. Voy a echar de menos tus abrazos aterciopelados cuando me levanté destapado de madrugada. Voy a echar de menos las canciones que cantabas bajo la ducha cuando el silencio de la soledad venga a visitarme. Voy a echar de menos tu sonrisa de marfil cuando alguna vampiresa con tres copas de más me hinque el colmillo. Pero también voy a echar de más algunas cosas, sinceramente. Voy a echar de más que me roces con los pies fríos cuando estamos durmiendo. Voy a echar de más que sustituyas mis camisetas viejas por trapos de cocina. Voy a echar de más tener que acompañarte de compras cada fin de semana y sujetarte toda la ropa que te ibas probando.

¿A quién pretendo engañar?

Si hasta eso lo voy a echar en falta.

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